Guardar las apariencias, ocultar nuestros puntos débiles, aparentar un estatus social, evitar que otros sepan cómo nos sentimos realmente…

Son muchos los motivos que nos llevan a usar las “mascaras emocionales”

La principal, es que vivimos demasiado pendientes del que dirán, de que opinión tendrán de nosotros… y nos olvidamos de cómo somos, y del valor que realmente tenemos como personas.

Las normas sociales y el miedo a hacer el ridículo, a no estar a la altura, a no contar con la aprobación de otras personas, etc… nos lleva a actuar de formas que no se corresponden con nuestra verdadera esencia y con nuestros valores.

En nuestra sociedad, existen estereotipos que nos obligamos a seguir, en función de la situación en la que nos encontramos, o en función del punto al que queremos llegar.

Por ejemplo, si le pides a alguien que te describa a un ejecutivo de éxito, la mayoría pensaran en alguien serio, distante, que pasa horas y horas trabajando, muy seguro de sí mismo, con una gran autoestima. Una persona fría, que no muestra sus sentimientos y mucho menos sus vulnerabilidades. Una persona de valores cuestionables que no tendrá problema al mentir ni a pisar al resto para llegar a lo más alto.

De modo general, se aceptan estos estereotipos y llegamos a la idea, de que no puede ser de otra forma en esa situación, por lo que muchas personas se empeñan en seguir ese “canon”, y para ello necesitan utilizar una máscara que esconda su verdadero yo.

 

“Vigila la máscara que te pones, porque con el tiempo puedes terminar por olvidarte de quién eres realmente”Alan Moore

 

Se supone, que la gente que realmente queremos, como la pareja, familia, amigos… son aquellos con los que nos mostramos tal y como somos. Pero corremos el riesgo, que de tanto usar una máscara, al final no seamos capaces de mostrar quien realmente somos.

En el ámbito laboral nos acostumbramos a llevarla, sobre todo para aparentar esa fortaleza y profesionalidad que se nos exige. Actuamos como si nada nos afectase, dando una versión más “competente” de nosotros mismos.

En ocasiones, estas máscaras, pueden parecer nuestras aliadas, pero en muchas ocasiones, llegamos a asumir ese “papel” de tal forma, que el muro que creamos para esconder nuestros verdaderos sentimientos, se hace tan real, que no podemos deshacernos de él, y ese, es el momento, en que comenzamos a engañarnos a nosotros mismos y a no aceptar cosas que nos ocurren o cosas que sentimos.

Cuando no aprendemos a gestionar nuestras emociones, sin darnos cuenta, tratamos de evitarlas. Negamos el miedo, la tristeza, y otros sentimientos, para que nadie sepa cómo nos sentimos, como si eso, los fuese a eliminar. Y lo que realmente provocamos son conflictos internos que pueden derivar en episodios de estrés, desesperanza, depresión, problemas de pareja, enfermedades u otros síntomas.

Desde la PNL y el EFT, llevamos a cabo técnicas y ejercicios, para reconocer esos sentimientos y reconciliarnos con esa persona que realmente somos.

El simple hecho de reconocerlos nos puede ayudar a dejarlos ir, o bien a aprender a convivir con ellos sin repercutan en nuestra salud y en nuestro día a día. Lo importante, es ser fieles a nuestra forma de ser y a nuestros valores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.